Pense que no tendria suficiente leche!
miércoles, 28 de julio de 2010

Soy madre ya de mi tercer hijo, a todos los he amamantado, pero con mis dos primeros hijos no tuve mayor problema para ponerlos al pecho y amamantar por varios años.

Ha sido ahora con mi tercer hijo que me sucedió algo que nunca me esperaba, y es que mi bebito desde el primer momento que tomó mi pecho, me causó un tremendo dolor en las mamas, dolor que día con día se iba intensificando.

fiesta-bloguera-lactancia.jpgUna de mis preocupaciones fue que en su primer agarre, tomó únicamente el pezón, y no había forma de hacerlo tomar también la aureola. Por consiguiente, tampoco le derramaba calostro de la boquita como me sucedió con mis primeros dos hijos que desde que nacieron sacaron calostro en abundancia. Llegué a pensar que mi cuerpo ya no estaba en condiciones adecuadas, que quizás ya no produciría suficiente leche, etc.

A medida pasó el primero, segundo, y tercer día, el dolor se fue magnificando a tal grado que era enormemente insoportable. En este momento me asusté mucho, porque me dolía horriblemente y me costaba mucho relajarme y esperar la bajada de la leche. En estos tres días mis esperanzas eran que el calostro se produjera en cantidades suficientes para alimentar a mi bebito, y la única forma de lograrlo era alimentándolo no menos de ocho veces al día.

Una de las cosas que me dio paz en medio de tanto dolor y angustia, fue que una amiga, instructora de labor y parto, me envió un documento que decía que los primeros días de nacido, un bebé tiene el estómago del tamaño de un maule (canica) así que con un poco de calostro estaría más que alimentado.

Luego, al escuchar el sonidito de la garganta de mi bebé tragando su lechita, me dio tranquilidad pues podía corroborar que efectivamente mis mamas estaban produciendo alimento.

Llegado el cuarto día, finalmente la leche bajó un poco más abundante (ya que mis mamas no parecían llenarse en los primeros tres días), y ya se veía a mi bebé incluso atorarse con tanta leche que caía en su boquita.

Pero había algo de lo que no me había librado aún, y era el terrible dolor de mamas. Las tenía muy sensibles al grado que no podía ponerme ropa, tenía que mantenerme con las mamas al descubierto, estaban laceradas e inflamadas, por suerte no estaban agrietadas. Yo sabía que extraerse un poco de leche materna y cubrir los pezones con ella, ayudaba a sanar las mamas, pero lamentablemente en esta ocasión esto no era suficiente.

En mi país, Honduras, no existe una sede de la Liga de La Leche, así que me sentía desamparada, aún mi amiga, instructora de labor y parto no sabía que sugerencia darme. Yo por mi parte tampoco confiaba en los médicos, pues ya me ha pasado que me recetan medicamentos que no son compatibles con la lactancia. Finalmente busqué en internet pero solo encontraba medicamentos sugeridos que no se encuentran en mi país.

Ya para el quinto día tuve la suerte de encontrar un pediatra que es amigo de la lactancia materna, y que me pudo recomendar una pomada a base de extracto de manzanilla, que no es tóxica para el bebé, y que se puede aplicar en el pezón y no es necesario retirar antes de amamantar. Me aplicaba esta pomada de tres a cuatro veces al día, preferiblemente entre tomas de leche, para que el medicamento hiciera su labor sanadora. A esto le agregaba siempre la aplicación de leche materna sobre los pezones.

Debo agregar que una de las causas principales del dolor era que mi bebe no colocaba los labios en posición correcta, los tenía hacia dentro y debían estar completamente hacia afuera, cosa que yo no recordaba y que advertí en un sitio web en internet. Lentamente el dolor fue disminuyendo gracias a la corrección de los labios de mi bebé y del uso de esta pomada.

Yo no soy muy “lechera”, mis senos están relativamente pequeños, no producen leche en exceso, pero siempre tienen la fluidez y respuesta inmediata a la demanda de leche de mi bebé cuando lo amamanto. Mi bebé no ha pasado hambre nunca, no está malnutrido (como muchos pediatras creen que sucede), al contrario, ahora mi bebé ya tiene casi los cinco meses, y el pediatra se sorprende al ver cómo a base de lactancia materna exclusiva ha aumentado de peso progresivamente, es un niño muy saludable, y hasta la fecha no se ha enfermado de nada.

Mamás, no tengan miedo si no parecen “vaquitas lecheras”, la leche siempre baja, nuestro deber es que los alimentemos exclusivamente con nuestra leche para garantizar la producción de los próximos días.

Y si te duelen los pezones, verifica la posición de la boquita del bebé, y busca ayuda de un médico pro-lactancia o de una consultora de lactancia. Nunca te desanimes!
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